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Cuando el cómo se dice es tan importante como lo que se dice

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Según el CIS, los españoles leemos de media (tirando al alza) unos 4 libros al año. Una cantidad que puede parecer insuficiente y que deja un futuro nada alentador al diseño editorial. No obstante, no son todo malas noticias: un 60% de nosotros sigue leyendo diarios o revistas al menos una vez en semana. Esto representa, en el peor de los casos, una exposición semanal a esta disciplina del diseño que nos disponemos a tratar y un sinfín de impactos visuales en forma de portadas de aquellos libros que nunca llegamos a leer. ¿Será porque el diseño no nos atrajo? Es muy probable, porque, por mucho que nos guste lo que nos dicen, lo que nos llega directamente al corazón es cómo nos lo dicen.

Nos atrevemos a decir que el diseño editorial es muy anterior a la invención de la imprenta moderna de Gutenberg. Todos conocemos los manuscritos medievales en los que los monjes decoraban cada texto con esmero con auténticas obras de arte en miniatura en forma de filigranas, ilustraciones, caligrafía y una estructura dentro de la página que, desde luego, marcó el devenir de los cánones del diseño editorial contemporáneo. Tal era su devoción y respeto por el mensaje emitido (gestas heoricas, tratados filosóficos, médicos y textos religiosos) que la manera de plasmarlo en el pergamino no se dejaba nunca al azar. Dicho esto, ya tenemos varias pistas de las herramientas que nos llevan a conseguir una composición atractiva y funcional para el lector y lograr la armonía perfecta entre la forma y el contenido.

En una publicación, ya sea revista, libro, periódico… todo importa. Desde la portada, elemento que más se presta a dar rienda suelta a nuestra creatividad, hasta la medida de los márgenes empleados. La elección de familias tipográficas, colores, tratamiento de párrafos y jerarquías establecidas entre los textos y las imágenes emiten información a un nivel más primario y capturan la esencia de la publicación. Puede decirse que un buen diseño editorial es siempre elegante, coherente con el contenido y distinguido, sin llegar a la estridencia y, por ende, nunca debiera eclipsar el mensaje. Y es que, como dijo Honoré de Balzac, “la elegancia es la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos.”

Don Pawanco | Agencia de comunicación Valencia

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